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Hablemos de la Invasión No-Tan-Secreta #Madrid2015 : Roaring Lion Edition.

El domingo 21, el mismo día de mi cumpleaños, partimos hacia Madrid.

Empezamos el viaje con un poco de retraso, el AVE parecía dormido de buena mañana. ¡Pero por fin arrancamos!


A medio camino, cuando estábamos por la zona Tarragona-Lleida (aunque juraría que el aviso lo dieron post-Lleida, camino de Zaragoza, lo que es un poco sorprendente), nos dijeron que por falta de cobre tendríamos que bajar a empujar si no queríamos llegar tarde. Pero como nosotros íbamos con un margen de seis horas y media, nos quedamos de brazos cruzados, lamentando en voz alta nuestro desencanto con la raza humana y preguntando cómo podíamos haber llegado a eso.


El viaje en tren no tuvo nada más atípico, incluso llegamos un poco antes de lo esperado a destino: Atocha.

Con un sol de justicia fuera de la estación, mi hermana y yo nos refugiamos en MetroMadrid, sorprendiéndonos de lo pequeño que es. Los vagones, los túneles, todo. Es... pequeño. Salvo el tiempo de espera entre metro y metro, eso nos pareció un poco elevado, y más en líneas que tienen transbordo con estaciones de cercanías de Renfe. Los tapones en horas punta tienen que ser de órdago... siempre que no haya mayor frecuencia, claro.

Nos acercamos a la zona del hotel, familiarizándonos con el entorno y localizando algunas tiendas de interés (spoiler: todas frikis) que ya habíamos marcado como de visita obligatoria cuando preparamos el viaje (léase: el día anterior, sábado. Por la noche. Vamos preparados por la vida, sí).
Como era pronto para hacer check-in, seguimos nuestra idea original de encontrar un sitio en el que comer. Pero la cosa fue más complicada de lo esperado. No porque no encontráramos restaurantes, sino porque siempre encontrábamos un motivo para descartarlo. O bien a mi hermana le parecía caro, o bien a mí me parecía caro, o bien a los dos nos hacía arrugar la nariz, o bien no nos apetecía lo que ofrecía el menú. Eso sí, encontramos de todo.
Al final convencí a mi hermana (que ya estaba atacada y creo que cedió porque estaba cansada, acalorada y asqueada) de sentarnos en un italiano que, aunque caro, parecía estar bien.
Y, bueno, estuvo bien, pero era caro. Y por eso entendimos que estuviera tan vacío. Pero al menos lo que comimos era bueno. Las cantidades... bueno, el risotto no llegaba a ración, pero el wok de pasta era enorme (con poca carne, pero enorme), así que no estuvo tan mal. No volvimos porque a los dos nos pareció caro para lo que era. Tampoco ayudó que me manchara la camiseta bien manchada (¡malditos spaguettis!), la verdad. Culpa mía, ya.

Una vez terminamos, pusimos rumbo al hotel para hacer check-in y descubrir nuestra habitación.

Tras cambiarnos y refrescarnos ligeramente teníamos que decidir qué hacer hasta que empezara el musical.
Recuperamos la idea de ir al cine, pero lo tuvimos un poco peliagudo para encontrar una sesión que nos fuera bien. Por suerte, las habilidades cinesiles de mi hermana dieron su fruto y encontramos un cine al lado del hotel (tres manzanas) con un pase a las 16:15 de una película que ambos teníamos ganas de ver: Jurassic World.
Se nos ha pasado la oportunidad de ver Vengadores: la Era de Ultron o Pitch Perfect 2, pero ésta no escapó.


Después del cine andamos un poco por la zona de camino al hotel, descubriendo más tiendas interesantes. Allí hicimos un poco de tiempo, porque la película acabó realmente pronto y no era plan de quedarnos muertos de asco en Callao.

Un pequeño relajo en la habitación del hotel y cambio de ropa después, consideramos que ya era momento de poner rumbo al teatro. Y allá que nos fuimos, a ver el Rey León en todo su esplendor.


Un número inicial espectacular, un musical en general espectacular, pero hubo dos cosas que se nos atragantaron: los cambios en las letras de las canciones (no hacía falta), ponerle acento andaluz a Timón (realmente no hacía falta). Si lo hubieran dejado sólo en el acento, vale, pero quitarnos el momento hula para bailar sevillanas nos partió el alma. Debimos ser los únicos, por eso, el teatro estalló en carcajadas y aplausos con Timba y su traje de flamenca. (Iba a llamarlo traje de faralaes, pero lo dejaré en un neutro "flamenca" porque por lo visto el concepto levanta ampollas por la red y hay una lucha encarnizada sobre "traje de faralaes sí/no".)
Todo muy muy bien, esperaba quizás algunos actores principales más no-blancos, pero supongo que aún quedan cosas por pulir. adulta!Nala arrolladora. Y el cuerpo de bailarines muy bien.

Después del musical tocaba decidir qué cenar. Estando cansados, tomamos una decisión rápida y, rememorando nuestras cenas londinenses, nos pillamos algo en Burger King y comimos en la habitación del hotel.

Como llegamos aún a tiempo, mi hermana me dio un regalo de cumpleaños. ¡Había cargado con él todo el viaje!


¡He visto la luz!

Nos fuimos a dormir pasadas las doce, y esperaba levantarme a las tantas. De hecho, me daba un poco de apuro levantarme tarde. Cuando abrí los ojos encendí el teléfono para consultar el reloj...


Me levanté a las siete. Una parte de mí se sintió bien (¡no te has dormido!), la otra un poco decepcionado... y las dos estuvieron de acuerdo en que teníamos que volver a dormir.
Así aguanté hasta las nueve y algo, cuando mi hermana se despertó. Yo estaba pensando "SON LAS NUEVE, ES SUPER TARDE", y ella estaba pensando "SON LAS NUEVE, ES SUPER PRONTO". Somos unos hermanos de contrastes.

Mientras nos adecentábamos se hicieron las diez y algo, momento en que salimos a por el Lidl (a una manzana) para comprar desayuno. Con una bolsa de panes bajo el brazo, galletas, plátanos, pétalos de pechuga de pavo (me puse exquisito) y lonchas de queso volvimos al hotel. Un par de botellas de zumo nos ayudaron a bajar la comida.

Desayunamos en la cama, como los vag--los reyes, y cuando nos encontramos de humor, salimos a la calle.

Empezamos el tour por la zona cercana al hotel, donde había cuatro tiendas de interés: juguetrónica, generación x, y dos más que resultaron un poco escalofriantes (además de caras).

Ambos aguantamos sin comprar nada, aunque tuve mis momentos de debilidad en generación x con un manual de DragonLance para Dungeons and Dragons 3.5.

Decidimos seguir con el tour, porque aún era pronto para ir a comer. Así que bajamos hasta la calle de la Luna a pie. Que no lo sabíamos, pero es básicamente un cúmulo friki de aúpa. Allí encontramos Crisis, Omega... y tras una compra importante y abultada en Omega decidimos volver al hotel.


Tras descargar, volvimos a Luna, porque había tiendas que no habíamos visto. Decidimos tomar otro camino, subiendo por calle Pez, pero nos perdimos un poco. Acabamos llegando a Callao, y dimos con una de las tiendas que buscábamos, pero estaba cerrado porque eran las dos. Así que fuimos a comer.

Comimos en Tommy Mel's, nombre que nunca recordaré porque mi mente aparentemente sólo es capaz de recordar un bar con temática de los 50, y ese hueco lo tiene ocupado el Peggy Sue's. Me pasé todo el lunes llamando FakeySue a Tommy Mel's. Tanto que, cuando se me coló en el tweet, casi me da un chungo al ver que el CM de Tommy Mel's lo retuiteó.


Después de comer hicimos tiempo en el Fnac, el Corte Inglés de libros bajando a Sol, subimos de nuevo a Callao, bajamos más de Sol, subimos más de Callao, y le eché el ojo a Palazzo, que tenía pinta de heladería decente. Toda buena heladería tiene una estatua de un señor escalofriante; a más provocador de pesadillas más buena es la heladería.

Cuando las tiendas volvieron a abrir, volvimos a la tienda de Luna que había cerrado porque no la encontramos a tiempo y le eché el guante a algunos manuales de rol de DragonLance para DnD3.5 porque soy débil y de lo que dije no se puede uno fiar.

De camino al hotel, para prepararnos para la cena con [personal profile] leydhen y @Amaipetisu con calma, decidimos regresar por Luna, y como somos así nos encontramos com un porrón más de tiendas frikis que no sabíamos que estaban en Luna. Porque, como decíamos, Luna es algo así como el Camino de Santiago de los frikis. Y tuve tanta chamba que encontré libros de DragonLance que son difíciles de rastrear.


Salta a la vista que estoy en pleno afán completacionista, ¿verdad? Por suerte ya lo he dejado, y aunque no tengo todos los libros que querría, tengo suficientes para estar tranquilo. (Decir que me compré 21 libros más vía amazon antes de bajar a Madrid, así que para no estarlo, ¿sabes? Y que me dure muchos años.)

Durante nuestro periplo por la calle del Pez nos topamos con mi tipo de pastelería :


Todo el mundo me indicó que estaba equivocado, y ni eso era bizcocho ni el relleno era nata, sino un milhojas de merengue. PERO NO PASA NADA, mi sueño de encontrar una pastelería que haga los rellenos como yo aún sigue. Y, si no la encuentro, seguiré el consejo de mi madre, dejaré un currículo en ésta y crearé tendencia con mis tronchorellenos.

Mientras reposábamos y retomábamos fuerzas en el hotel, mi hermana tuvo la genial idea de dejar su botella de agua destapada encima de la cama.


GRACIAS, HERMANA. Tuve que desmontar media cama, porque la cosa se extendía por doquier, y hasta el colchón quedó bien empapadito. Paramos el aire y todo con la esperanza de que se secara con el calor antes de que tocara acostarse.
Mi hermana estaba bien tranquila, y es normal teniendo en cuenta que sólo mojó mi cama, y era yo el que tendría que dormir en una cama mojada si no se secaba a tiempo ¬¬U

Por suerte, el incidente no nos impidió llegar a tiempo a Sol. En realidad, llegamos bastante antes, así que tuvimos tiempo de patearnos Sol y Callao (otra vez).

Y entonces llegó Peti CON CUPCAKES PARA TODOS.


[personal profile] leydhen no tardó en llegar, y tras abrazos y pensar duramente dónde ir a comer, nos decantamos por la idea inicial: sushi y fideos. Que con calor entran solos unos buenos fideos fritos.

Fuimos al Oishii, que estaba bien bueno, y nos pusimos finolis con fideos, sushis y ROLLITOS QUE SÓLO SALIERON UNA VEZ. Pero es bien porque los pudimos probar y ESTABAN MUY BUENOS y mi hermana llora lágrimas de sangre cada vez que recuerda que sólo pudo comerlos una vez.

Después de cenar fuimos a la Valor y nos zampamos un buen chocolate. Peti, mi hermana y yo nos decantamos por un chocolate frío, sólo para descubrir que "a la francesa" es sinónimo de BAZURA! Estaba frío, sí, pero era básicamente un cola-cao engreído. Que, a ver, si quieren hacer chocolate frío, pues haces chocolate y lo dejas enfriar. Pero no, aparentemente Valor sólo ofrece frío la variedad francesa, que es diluirlo con agua hasta borrar cualquier posible rastro de chocolate a la taza.
Pero no pasa nada, porque la nata estaba buena, y una de las cupcakes que me regaló Peti ahogó las penas.

Tras una buena charla nocturna y un paseíllo hasta Sol, nos despedimos de todos (Leyd, Peti y sus respectivos), muy muy agradecidos de poder haberlos visto una vez más y de disfrutar de su compañía.
AMOR EVERYWHERE.

Después de un día de derroche y comida tradicional madrileña, mi hermana y yo caímos en coma hasta el martes a las tantas. Es decir, hasta las nueve y algo.

El martes recibí un misterioso whatsapp de mi jefa.


No preguntéis, porque no lo puedo explicar. Ni idea O_o

Como por delante teníamos un día de cargar con equipaje hasta que saliera nuestro tren por la tarde, decidí desayunar fuerte.


Y, antes de abandonar el hotel, tuve tiempo de reconsiderar mi decisión en Generación X y hacerme con el manual que no compré el lunes.
Mis nuevos preciosos manuales de rol.


Tras la compra (que tardé como tres minutos en el viaje y la compra, mi hermana me preguntó si realmente había ido o me había arrepentido por las escaleras), tocó la dura tarea de hacer el equipaje. Porque si sales de casa con la maleta bien pero llena, a ver cómo leches la haces después de dos días comprando frikadas.

Me costó, pero logré redistribuirlo todo de forma que la maleta cerrase.


Hice trampas, hay que admitirlo. Por suerte me llevé el saquillo kender en un arrebato inspirado, que si no a ver cómo hubiera cargado con las Sailors. Y es que no hay mejor trampa que estar preparado y llevar una segunda bolsa para cargar compras frikis.

Con el equipaje a cuestas y el fresco oasis del hotel siendo poco más que un recuerdo en nuestra memoria, nos lanzamos a la calle. Primera parada: Alcalá. Peti nos había recomendado una tienda de macarons. Y, después de pasar por alto mi dieta un par de días, me dije "COÑO, MACARONS DE MADRID, ¿CUÁNDO VOY A PODER COMERLOS DE NUEVO?", y llevé a mi hermana al MetroMadrid. (Iba a añadir "a rastras", pero sería forzarlo. Aunque muy contenta no fue.)


Admitámoslo, mi hermana no es mucho de macarons (en general de nada francés), así que no estaba encantada con la idea de la tienda. Una vez dentro encontró un par de cosas que le hicieron tilín, y sopesó la idea de hacerse con galletas con chips de chocolate o un surtido de bombones como un regalo para su bae. Al final lo descartó y salimos de la tienda sólo con nuestros macarons.

Para darle algo de transfondo cultural a la invasión, aprovechando que pasamos por delante y que el semáforo estaba en rojo y nos dejó aislados entre dos calles, hicimos una foto a la Puerta de Alcalá.


Y ahora, a lo importante: LOS MACARONS.


Frambuesa, chocolate, limón, caramelo con flor de sal, avellana y violeta. Casi siguiendo a pies juntillas las indicaciones de Peti. No tenían flor de sal o caramelo sueltos, y no tenían tampoco almendra en la carta, así que improvisamos un poco. Y, oye, ni tan mal. El de frambuesa es pasable, no es malo pero tampoco tiraré cohetes al comérmelo; el de caramelo con flor de sal estuvo realmente bien, me sorprendió para bien el contraste; el de chocolate y el de limón son deliciosos, uno bien fresco gracias a su relleno (no tengo ni idea de qué era. ¿Lemon curd?) y el otro te hacía crecer la lorza nada más olerlo, pero bien gustoso; el de violeta era realmente notable. Pero el de avellana... oh, el de avellana. A mi hermana y a mí nos ganó por completo. Pero por completo. Mi hermana aprendió a amar una parte de Francia, así que es todo un logro.

Nos sentamos en el parque de por allí para disfrutar de los macarons, sin tener del todo claro qué haríamos el resto del día. Hasta las ocho y media no salía el AVE hacia Barcelona, y no podíamos quemar más dinero porque no teníamos espacio para cargar con nada más. Tampoco apetecía buscar otras tiendas (podríamos haber ido a ver a Alma, pero digamos que le he hecho un poco la cruz desde que intentamos ir a su tienda en Agosto y no avisó en ningún sitio que estaba cerrado), y en general el cansancio del viaje y las emociones nos empezó a pillar. Empezamos a necesitar volver a casa, o tumbarnos en un sitio cómodo, pero sin hotel y con el tren tan tarde... Digamos que nos desesperamos un poco.

Sorprendentemente, no tenía hambre. Iba pasando el tiempo, empezamos a movernos por Madrid, mirando tramos de las calles entre Sol y Callao que no habíamos visto. Uno pensaría que nos lo habríamos pateado todo, pero nos dejamos algún tramo. El del Game de Callao, por ejemplo, así que fuimos a verlo. Que además pusieron por twitter que iban en full cosplay por el lanzamiento del nuevo Batman, y sentimos curiosidad. Mi hermana no aprobó sus cosplays, pero yo aprecié el guiño a la serie de antaño.

Aún sin hambre, compramos un par de botellas de agua de medio litro para paliar la sed. Aún sin hambre, seguimos un periplo sin rumbo, que nos generó cierta inquietud: no hay nada peor que no tener motivación y no poder ir a vegetar a casa. Bajamos al palacete, nos topamos con la calle Mayor y llegamos al Mercado de San Miguel. Que, casualmente, era uno de los sitios que queríamos visitar, pero que se nos pasó por alto. Fue gracioso encontrarlo por arte de magia, sin pretenderlo. Entonces fue cuando a mi hermana se le desató el apetito, pero no vio allí nada que le llamase la atención, ni en los restaurantes cercanos. Y yo seguía sin hambre.

Tras mucho deambular (y toparnos con otra librería a la que echar el ojo) acabamos de nuevo en Callao, así que optamos por cerrar con broche de oro nuestras comidas tradicionales del centro de España.


La idea era compartir una ensalada y un segundo, pero no hubo ensalada u otro entrante que nos convenciera, así que optamos por ir a por una pizza directamente. Tras comer a gusto y felicitar al cocinero, nos dejamos caer en la Fnac en las peores horas de calor.

Mi hermana encontró por fin en Fnac algo que comprarle a bae, y con su souvenir regalo la convencí para ir a comprar helados. Ella no quería, pero yo me animé, aunque no tenía hambre. En Palazzo pedí una tarrina mediana de fresa y nata y la disfruté bien disfrutada. Para entonces los dos estábamos bastante inquietos, mi hermana más vocalmente que yo. En un último intento de hacer algo productivo, decidimos ir a visitar el Templo de Debod. Pero al llegar allí mi hermana vio que el parque no era tan pequeño como parecía en el mapa y decidió que ya había bastante.

Así que, como los dos estábamos sin saber qué hacer y con ganas de irnos a casa pero aún a tres horas de que saliera el tren, con tres horas más de viaje hasta Barcelona y otra hora y pico hasta nuestra ciudad (TREN PARA TODOS), tomamos una decisión definitiva: dar por terminada la Invasión, enfilar hacia Atocha y esperar pacientemente allí.

Con nuestro último viaje en metro, dejamos atrás el bono de diez viajes. Gracias por esos viajes de tres paradas en metros diminutos, pequeño compi.


Cuando llegamos a Atocha nuestro AVE no aparecía ni en el panel luminoso, así que no estábamos seguros de si podíamos entrar a la zona de pasajeros. Yo esperaba poder enseñarle a mi hermana la estación molona de Atocha, con su vegetación interior y sus rampas y todo lo demás, pero entramos por vete a saber tú dónde y acabamos en una galería con vistas al párking, de lo más soso que te puedes echar a la cara. Curiosamente, el tiempo parecía pasar más deprisa tirados bajo el panel de salidas.

Y, por fin, apareció nuestro transporte.




Ha sido un buen viaje. Admito que no tenía la mejor disposición para afrontar tres días fuera de casa (ya hablaremos), pero me lo he pasado bien. He pasado buenos ratos con mi hermana, he podido ver a [personal profile] leydhen y su mozo y disfrutar de su increíblemente entretenida compañía (¡Siempre postrado a vuestros pies!), Peti se ha salido de las escalas de nuevo demostrando lo dulce y adorable que es (SE HIZO UN VIAJE SÓLO PARA VERME, TRAERME CUPKEYS Y RECOMENDARME MACARONS EXCELENTES), el Rey León es una buena obra de teatro bien espectacular (aunque no estoy contento con sus libertades creativas), y tuve la oportunidad de comprar un porrón.
Además, me demostré que tengo buen sentido de la orientación, que aunque haya estado muy poco más o menos tengo recuerdo de las zonas frikis, y que siempre tengo que fiarme de mi instinto localizador de dulces. Que, aunque pequeñas (más bien minúsculas) victorias, son reafirmaciones positivas, y uno tiene que regodearse con ellas.

Muchas gracias a todos los que lo han hecho posible. AMOR! para todos.

July 2017

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