Nov. 21st, 2016

sam_bluesky: yukino is quite happy (karekano - yukino orgasm)
El mundo de la informática es a veces muy esotérico. Teóricamente todo es muy determinista: misma entrada, misma salida; pero la realidad dista mucho de esta ideal ficción, y a veces parece que el alineamiento de los planetas influlya en el humor de nuestro ordenador.

Y me repatea, porque si no has hecho nada, ¿por qué de repente algo que funciona correctamente deja de funcionar? Entre las instalaciones y actualizaciones fantasma (que se hacen sin que tú puedas decir nada, aunque lo tengas todo configurado para que hasta el más mínimo cambio requiera tu autorización) hasta la desaparición de programas (pues no me ha borrado veces Windows 8.1 el bittorrent porque le ha salido de la dll), tu presunto control sobre el ordenador es poco menos que una ilusión. Y de las baratas, porque sabes que no existe tal control. Pero eres feliz creyéndote que sí.

Una de las cosas que más me dolió en el alma fue que, hace unos cuantos meses, windows 8 dijera que había tenido bastante y se autoactualizó a windows 8.1. Creedme, fue así, porque estuve postergando la actualización cada vez que me lo pedía. Él quería, yo no, y si lo preguntaba le negaba su derecho a actualizarse. ¿Qué hizo? Pues actualitzarse sin decirme nada. Un día lo encendí y me dijo que o actualizaba o actualizaba, y se actualizó por sus procesadores. A partir de entonces, hubo cosas que dejaron de funcionar. La gráfica empezó a hacer el tonto, la pantalla cada pocos días reseteaba su configuración (no me gusta que se apague la pantalla, así que la tengo configurada para que no se apague. Windows 8.1 piensa que soy el mal encarnado y cuando cree que no miro me lo cambia otra vez... Hasta que hemos llegado al punto en que la pantalla se apaga pero todas las configuraciones a las que tengo acceso dicen que no lo debería hacer. Hal 9000, is that you?), y los auriculares inalámbricos dejaron de sincronizarse.

Pues no me supo mal ni nada. He heredado de mi madre la costumbre de tener siempre ruido mientras hago cosas. Ella tiene la radio o la tele, yo empecé por la tele y ahora tengo el ordenador. Youtube, twitch, vídeos, canciones... Da igual, cualquier cosa. Y cuando correteas por la cocina dándole a los fogones, o estás yendo de una punta a otra de tu piso limpiando, los cables son tu peor enemigo. Por eso los auriculares inalámbricos son algo que me cambiaron la vida. Y perderlos fue un duro revés.

La cuestión es que, con el salto a 8.1, Windows confesó ser incapaz de sincronizarse con los cascos via bluetooth. Los identificaba, los listaba como sincronizables, empezaba el proceso, pero justo antes de terminar lanzaba los brazos al aire gritando "¡es imposible!" y no funcionana. Luego dejó tan siquiera de listar la opción de bluetooth, como si no estuviera instalado. Luego volvió a aparecer, sólo para no reconocer ni la impresora del vecino. (No tenemos paredes de papel, pero hay cosas que no entienden de barreras.)

Busqué los problemas por internet (aunque sin un código de error era complicado identificar el problema y acotar la búsqueda), y todo el mundo decía que era cosa de Windows 8.1 y su bluetooth. Así que esperé paciente. Cada vez que había un nuevo pack de actualizaciones de Windows 8.1, que como siempre se descargaban e instalaban sin que yo lo viera (o eso creía Windows 8.1. Como si no cantara como una almeja que de repente la red dejara de funcionar y el disco estuviera echando humo, y al cabo de media hora hubiera perdido un buen cacho del espacio libre en disco), probaba a ver si en esa tanda de cosas que se habían actualizado pero que nunca sabré qué han sido ni por qué se han actualizado se había arreglado ese malentendido irremediable entre Windows 8.1 y mis auriculares. Pero no fue así.

Este fin de semana, sin tener mucha idea de por qué, he vuelto a probar de sincronizar los auriculares inalámbricos con Windows 8.1. No tenía nada de esperanzas, y estaba resignado a planchar con la cara pegada al portátil si eso suponía poder escuchar bien a Critical Role, pero funcionó.

Funcionó.

Mis auriculares inalámbricos vuelven a estar sincronizados con mi portátil. No sé qué ha pasado en todos estos meses, si la tenaz insistencia de los cascos han mermado en la dura coraza de Windows 8.1, si la conjunción de la Luna con Aldebarán del pasado 15 obraron el milagro, pero lo importante es que funcionó. Y pude planchar durante casi dos horas acompañado de un buen sonido sin el ancla de ningún cable.

A veces, aunque parezca mentira, apretar un botón y esperar que algo funcione implica tener fe. Porque lo que sucede no siempre es lo que debe suceder. En este caso, sí fue, y yo estoy gozoso. Ahora, a disfrutarlo antes de que vuelva a romperse.

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