he descubierto un nuevo hobby
Feb. 2nd, 2011 08:51 amHace unos meses empecé a sospechar que había heredado el gen obsesivo-ordenativo de mi familia.
Las primeras pistas las tuve cuando un sábado a media tarde me puse a vaciar mi antiguo armario, tirar cosas y ordenar el resto.
No me di cuenta enseguida; hasta que no me encontré con el suelo lleno de papeles rotos y cajas apiladas de cualquier manera no abrí los ojos. Es una forma de hablar, por supuesto, no soy de los que vacían armarios con los ojos cerrados. Y tampoco sin gafas. Aunque en mi caso es lo mismo.
No sabía de dónde había nacido la necesidad, sólo sé que tenía que vaciar el armario y tirar cosas y ordenar las supervivientes. Era la mejor forma de pasar la tarde del sábado.
No entremos a evaluar lo que eso dice de mi vida social por aquél entonces, por favor. Que tampoco ha cambiado mucho en este tiempo.
Si hubiera sido sólo esa ocasión, no pasaría de ser un curioso evento anecdótico del que dejar constancia en un diario. Pero la cosa, como os podéis imaginar, se repitió.
En un intervalo de tiempo no demasiado grande, reordené tres veces el armario. Y en cada ocasión tiraba al menos una bolsa de basura llena hasta los topes. (Al container de papel, claro, que es lo que más acumulo.) Dejaremos para otra ocasión el estudio de cómo podía no liberar espacio tirand tanta basura. Eso es terreno de lo inquietante más propio de Iker que de mí.
Hoy me he descubierto pensando en vaciar los armarios de la cocina y redistribuir los tuppers y los alimentos de la despensa. Lo que hace ir a coger la pasta que vas a hervir, oye.
Llevo alrededor de tres meses viviendo solo. Desde entonces, he ordenado la cocina otras tantas veces.
Lo bueno de todo esto es que me he ahorrado la prueba de adn. Y que ya tengo plan para el sábado. Woohoo!
Las primeras pistas las tuve cuando un sábado a media tarde me puse a vaciar mi antiguo armario, tirar cosas y ordenar el resto.
No me di cuenta enseguida; hasta que no me encontré con el suelo lleno de papeles rotos y cajas apiladas de cualquier manera no abrí los ojos. Es una forma de hablar, por supuesto, no soy de los que vacían armarios con los ojos cerrados. Y tampoco sin gafas. Aunque en mi caso es lo mismo.
No sabía de dónde había nacido la necesidad, sólo sé que tenía que vaciar el armario y tirar cosas y ordenar las supervivientes. Era la mejor forma de pasar la tarde del sábado.
No entremos a evaluar lo que eso dice de mi vida social por aquél entonces, por favor. Que tampoco ha cambiado mucho en este tiempo.
Si hubiera sido sólo esa ocasión, no pasaría de ser un curioso evento anecdótico del que dejar constancia en un diario. Pero la cosa, como os podéis imaginar, se repitió.
En un intervalo de tiempo no demasiado grande, reordené tres veces el armario. Y en cada ocasión tiraba al menos una bolsa de basura llena hasta los topes. (Al container de papel, claro, que es lo que más acumulo.) Dejaremos para otra ocasión el estudio de cómo podía no liberar espacio tirand tanta basura. Eso es terreno de lo inquietante más propio de Iker que de mí.
Hoy me he descubierto pensando en vaciar los armarios de la cocina y redistribuir los tuppers y los alimentos de la despensa. Lo que hace ir a coger la pasta que vas a hervir, oye.
Llevo alrededor de tres meses viviendo solo. Desde entonces, he ordenado la cocina otras tantas veces.
Lo bueno de todo esto es que me he ahorrado la prueba de adn. Y que ya tengo plan para el sábado. Woohoo!