sam_bluesky: Ianto Jones working (as in, reading a magazine) (Default)
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A veces tienes una idea muy clara de lo que quieres. Has estudiado pros y contras, has analizado durante largo tiempo qué es lo que mejor te conviene, has tomado una decisión y vas a por ello. Y entonces llega el KosMos y te dice, muy a su manera, que estás equivocado y que, en realidad, quieres otra cosa.

El día ha empezado como uno cualquiera: el despertador ha sonado, lo he parado, he remoloneado demasiado tiempo en la cama y al final he tenido que saltarme el desayuno para no perder el tren.
Durante el camino sólo tengo que cruzar dos semáforos. En el resto de calles cruzo por el paso de peatones, que es lo único que indica a los coches que los peatones pueden cruzar por ahí. Los dos semáforos se han puesto en rojo cuando estaba a tres pasos de ellos. Justo cuando los miraba empezaban a parpadear, y al llegar a los tres pasos de distancia cambiaban a rojo.
Pero es que en el resto de calles, que no tienen semáforo porque son poco concurridas, cada vez que he querido cruzar ha pasado un coche. A cada calle. Y cuando no pasaba ninguno en una, se acumulaban para la siguiente. Como si el tráfico de mi ciudad se volviera en mi contra, intentando retrasarme aunque sólo fuera unos segundos, para que el efecto acumulado fuese notable y perdiese el tren. Durante dos calles ya me creía libre de este retraso forzado y en la siguiente me tengo que esperar porque justo al llegar a la esquina pasan tres coches. Tres coches, dos que debían haber pasado antes y el que debía pasar en esa calle.
Tócate las narices.
Pese a todo, he logrado llegar a la estación antes de que llegara mi tren. «¡Chúpate esa, KosMos!», ha gritado mi neurona antes de que mi (escaso, pero existente) sentido común lograra acallarla, mientras sacaba el tiquet del tren. Y entonces la máquina me lo ha rechazado.
Dos veces.
He mirado la fecha de caducidad, y aún está lejos (principios del mes que viene), he mirado torcío a la máquina y he vuelto a poner el tiquet dentro. Y la muy perraca se lo ha quedado dentro. Prácticamente podía ver la sonrisa burlona del KosMos. Por suerte había alguien de seguridad cerca, que con la habitual parsimonia de quien no tiene nada que perder (como un tren, por ejemplo) ha venido a ver qué me pasaba.
—La máquina se ha tragado el billete —he dicho con voz derrotada.
Y justo cuando he terminado de pensar «Bien, tú ganas, KosMos», ha llegado mi tren.
El guardia ha abierto todas las compuertas de la máquina que marca los billetes, ha levantado al final la tapa con lo que parecía un gran esfuerzo, y ha recuperado mi billete de las metálicas garras de la máquina traidora.
Señalándome a la camarera, me ha dicho:
—Habla con ella para que te dé otro.
La máquina, cumplido su objetivo de hacerme perder el tren, ha considerado que ya había hecho bastante por hoy y se ha quedado averiada, marcando con una gran cruz roja hecha a base de LEDs su intención de no hacer nada más hasta que vengan a resetearla. Así se había unido a otras dos más, en igual estado averiado, y dejando sobre una pobre y pequeñita (es la que tiene puertas más estrechas de las cuatro) máquina de marcar billetes el trabajo del día.
Dubitativo me he dirigido hacia la camarera, billete en mano. Antes, cuando en Renfe había taquillas y gente detrás de ellas (contrariamente a lo que podría parecer, una cosa no implica la otra), había dos personas encargadas de lo mismo. Ahora le habían encasquetado un ordenador a la camarera y la habían ascendido (sin subirle el sueldo en consecuencia, por supuesto). La camarera-revisora se ha mirado mi billete, lo ha pasado por un lector para ver si la máquina lo había marcado, y al ver que no es así me ha redirigido a la otra máquina —la única que funcionaba ahora—, con instrucciones de volver si también rechazaba mi billete.
La máquina ha rechazado mi billete.
Resignado, he vuelto con la camarera-revisora, que prontamente me ha hecho un duplicado de mi billete: las mismas zonas, la misma fecha de caducidad, los mismos viajes que aún me quedaban. La única diferencia, esperaba, es que éste funcionaría.
Y así ha sido: lo he puesto en la boca de la máquina de marcar y ésta felizmente lo ha marcado, restando en uno la cantidad de viajes que puedo hacer con ese billete, abriéndome las puertas y permitiéndome entrar en el recinto para esperar mi tren.
Entonces algo inusual ha sucedido: el KosMos debe haberse sentido un poco mal al sentir mi afligida pena y ha hecho que el siguiente tren, que justamente entraba a la estación cuando yo llegaba al andén, me pudiese llevar a mi destino. O se ha sentido mal o le ha sentado mal la cena de ayer. (¿Qué come el KosMos? zimzum, zimzum...)
Así que sólo he llegado cinco minutos después de lo habitual.

A veces estas historias tienen un final feliz, ¡quién lo iba a decir!

No me había dado cuenta que este fin de semana habían emitido un nuevo especial de Doctor Who. ¡Si es que pasa el tiempo y no me entero!
Si no me he descontado (o perdido alguno), éste es el segundo capítulo de esta quinta temporada, hecha a base de sólo especiales. Y sólo nos quedan los dos de final de año (Navidad y Año Nuevo?). Y entonces, poof, nuevo Doctor. Sin cejas. Hmm...

Date: 2009-11-23 11:12 pm (UTC)
From: [identity profile] leydhen.livejournal.com
Dios mío...

Yo, que suelo usar billetes sencillos cuando me muevo con el cercanías, pronto aprendí a no sacar nunca los billetes de ida y vuelta. No sólo porque no hay ningún tipo de ahorro, sino porque los jodíos billetes suelen estropearse y la banda magnética suele fallar cuando vas a hacer uso de la vuelta. Así que toca sacarse otro billete sencillo, porque casi todas las estaciones carecen de ventanilla con una persona física que te atienda.

Date: 2009-11-24 09:03 am (UTC)
ext_64924: lurking cat (bionic woman 70s - jaime and max)
From: [identity profile] sam-bluesky.livejournal.com
Para todos los billetes multiviaje que he usado, el porcentaje de defectuosos o con banda magnética problemático es sorprendentemente bajo (dos o tres billetes, que recuerde). También es cierto que rara vez compro los billetes en las estaciones de Renfe, normalmente los compro en la de los ferrocarriles catalanes, que me dan más confianza (y sus reversos son más bonitos. Soy así de superficial).

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