la llaman la desaparecida
Feb. 27th, 2014 10:07 pmA veces no digo las cosas porque me da vergüenza hablar con la gente, así que lo voy posponiendo hasta que inevitablemente la cosa se tuerce y tengo que acabar interactuando con otras personas.
Pánico.
Especialmente en el gimnasio. Hay días en los que parece ser más llevable, pero la tónica general es sentir terrible pavor a hablar con los monitores. Evidentemente, si tengo una duda existencial sobre un ejercicio, acabo preguntándolo, pero rara es la ocasión en la que recurro a ellos antes que a vídeos en internet.
De hecho, la última rutina que me hicieron tenía un porrón de ejercicios nuevos y preferí mirarlos por youtube antes que preguntarlos.
Tengo una relación muy extraña con los monitores. Aunque sean amables cuando te atienden siempre siento que me juzgan, y luego está cuando te giran la cara para no saludarte mientras hacen el tour por la sala. No es que tengan que saludarme, porque total tampoco es que les importe mucho, pero no sé, siempre me ha parecido extraño.
Soclializar es muy duro.
El caso es que este domingo tenía unas dudas sobre qué peso tenía que coger para un ejercicio, porque la semana pasada estuve cambiando algunos pesos, y en ese momento no estaba seguro de si el peso que estaba usando era el antiguo, el nuevo, o ninguno de los dos. Como soy tan previsor como desmemoriado, al lado de cada ejercicio, en la hoja de la rutina, me apunto el peso que hago en cada repetición; si tengo algún vacío neuronal sólo tengo que ir al archivador donde están todas las rutinas, buscar mi nombre, coger la mía y en un tris el conocimiento viene a mí. Todo muy práctico.
Con lo que no contaba era con el proceso de reciclado de rutinas de los monitores. Hacen batidas periódicas en el archivador en busca de rutinas caducadas, y las apartan. Mi rutina caducó a finales del año pasado, pero nunca llegué a empezarla.
Me la hicieron en Septiembre, que fue justo cuando empecé a dejar de ir al gimnasio con frecuencia hasta no ir en absoluto. Así que cuando caducó en Diciembre, la rutina en realidad no había sido empezada. Por tanto, cuando en Enero volví a ir al gimnasio con asiduidad empecé la rutina como si fuera Septiembre, y así a finales de Marzo podría pedir un cambio de rutina.
Todo parecía cuadrar estupendamente, pero como suele pasar cuando no conoces todos los entresijos de los gimnasios, no sabía que los monitores revisaban de vez en cuando el archivador en busca de rutinas caducadas.
A finales de Febrero mi rutina está más que caducada, así que con razón se la llevaron. Vale que yo tenía cosas apuntadas con fechas de Enero y Febrero, pero no creo que la miraran tan en detalle como para darse cuenta, y nunca se me ocurrió corregir la fecha de validez de mi rutina. Los monitores revisaron el archivador, vieron mi rutina, consideraron que estaba en desuso y la apartaron.
Así que cuando fui a buscarla, con la esperanza de resolver mi duda, no la encontré en su cajón habitual. Me pateé toda la letra tres veces, por si acaso, y nada. Luego miré directamente todo el cajón, en el resto de letras, y tampoco la supe encontrar. Al final acabé buscándola por el archivador entero, dos veces, por si estaba teniendo un ataque de dislexia supremo y era incapaz de reconocer mi nombre. Llegó un punto en el que me daba apuro seguir mirando todo el archivador como si fuera un loco y fui a preguntarle a un monitro si de vez en cuando revisaban el archivador por si había rutinas caducadas.
Y entonces me dijo que sí. Y yo lo entendí todo y le pedí ver si la mía pululaba por ahí. Pero no tuve tanta suerte.
Por lo visto, uno de los monitores responsables de las rutinas debía haberse llevado la mía para renovarla, porque no estaba en ninguno de los organizadores que hay en la mesa de los monitores. Así que hasta que no estuviera renovada, no recuperaría mi ficha.
He optado por terminar mi rutina un poco así, sin tener claro si estaba en los pesos correctos, pero al menos los ejercicios y el orden sí los he recordado bien. A ver si puedo ir al gimnasio y veo al monitor que tiene mi rutina, porque esta semana me estoy cubriendo de gloria con esto de no pisar el gym...
Pánico.
Especialmente en el gimnasio. Hay días en los que parece ser más llevable, pero la tónica general es sentir terrible pavor a hablar con los monitores. Evidentemente, si tengo una duda existencial sobre un ejercicio, acabo preguntándolo, pero rara es la ocasión en la que recurro a ellos antes que a vídeos en internet.
De hecho, la última rutina que me hicieron tenía un porrón de ejercicios nuevos y preferí mirarlos por youtube antes que preguntarlos.
Tengo una relación muy extraña con los monitores. Aunque sean amables cuando te atienden siempre siento que me juzgan, y luego está cuando te giran la cara para no saludarte mientras hacen el tour por la sala. No es que tengan que saludarme, porque total tampoco es que les importe mucho, pero no sé, siempre me ha parecido extraño.
Soclializar es muy duro.
El caso es que este domingo tenía unas dudas sobre qué peso tenía que coger para un ejercicio, porque la semana pasada estuve cambiando algunos pesos, y en ese momento no estaba seguro de si el peso que estaba usando era el antiguo, el nuevo, o ninguno de los dos. Como soy tan previsor como desmemoriado, al lado de cada ejercicio, en la hoja de la rutina, me apunto el peso que hago en cada repetición; si tengo algún vacío neuronal sólo tengo que ir al archivador donde están todas las rutinas, buscar mi nombre, coger la mía y en un tris el conocimiento viene a mí. Todo muy práctico.
Con lo que no contaba era con el proceso de reciclado de rutinas de los monitores. Hacen batidas periódicas en el archivador en busca de rutinas caducadas, y las apartan. Mi rutina caducó a finales del año pasado, pero nunca llegué a empezarla.
Me la hicieron en Septiembre, que fue justo cuando empecé a dejar de ir al gimnasio con frecuencia hasta no ir en absoluto. Así que cuando caducó en Diciembre, la rutina en realidad no había sido empezada. Por tanto, cuando en Enero volví a ir al gimnasio con asiduidad empecé la rutina como si fuera Septiembre, y así a finales de Marzo podría pedir un cambio de rutina.
Todo parecía cuadrar estupendamente, pero como suele pasar cuando no conoces todos los entresijos de los gimnasios, no sabía que los monitores revisaban de vez en cuando el archivador en busca de rutinas caducadas.
A finales de Febrero mi rutina está más que caducada, así que con razón se la llevaron. Vale que yo tenía cosas apuntadas con fechas de Enero y Febrero, pero no creo que la miraran tan en detalle como para darse cuenta, y nunca se me ocurrió corregir la fecha de validez de mi rutina. Los monitores revisaron el archivador, vieron mi rutina, consideraron que estaba en desuso y la apartaron.
Así que cuando fui a buscarla, con la esperanza de resolver mi duda, no la encontré en su cajón habitual. Me pateé toda la letra tres veces, por si acaso, y nada. Luego miré directamente todo el cajón, en el resto de letras, y tampoco la supe encontrar. Al final acabé buscándola por el archivador entero, dos veces, por si estaba teniendo un ataque de dislexia supremo y era incapaz de reconocer mi nombre. Llegó un punto en el que me daba apuro seguir mirando todo el archivador como si fuera un loco y fui a preguntarle a un monitro si de vez en cuando revisaban el archivador por si había rutinas caducadas.
Y entonces me dijo que sí. Y yo lo entendí todo y le pedí ver si la mía pululaba por ahí. Pero no tuve tanta suerte.
Por lo visto, uno de los monitores responsables de las rutinas debía haberse llevado la mía para renovarla, porque no estaba en ninguno de los organizadores que hay en la mesa de los monitores. Así que hasta que no estuviera renovada, no recuperaría mi ficha.
He optado por terminar mi rutina un poco así, sin tener claro si estaba en los pesos correctos, pero al menos los ejercicios y el orden sí los he recordado bien. A ver si puedo ir al gimnasio y veo al monitor que tiene mi rutina, porque esta semana me estoy cubriendo de gloria con esto de no pisar el gym...