llega el lunes y yo dormido
Feb. 6th, 2012 04:48 pmDos pares de calcetines, tres capas de ropa en el cuerpo (una de ellas es un jersey de lana de cuello vuelto), pantalones de pana y la chaqueta en las falda como si fuera una manta. Y, pese a todo, tengo frío y he tenido que ponerme los guantes. Sí, se nota que es Invierno. Ya tenía yo ganas de que hicirea un Invierno De Verdad, esos que te hacen añorar el nórdico de tu cama y plantearte porqué no eres muchimillonario para poder enviar el mundo al carajo en días como éstos y arrebujarte bajo tus catorce gatos ronroneantes.
El viernes comenté por twitter que tenía las manos un poco tocadas por el frío. Seguramente secas. Las líneas de toda la mano últimamente están blancas, y hay una zona interdigital que está escamada.
Pues el sábado la zona escamada se agrietó y empezó a sangrar. Por lo visto mis eczemas están evolucionando y ahora han llegado a la categoría de problema.
Quería pasar por la farmacia este fin de semana, pero al final no pudo ser. De hecho, hay un par de cosas que no pude hacer de todas las que me propuse. Pero que no se diga que no lo intenté.
Al salir del trabajo, como cada viernes, empezó mi fin de semana. Que en esta ocasión contaba con una invitada especial: mi hermana. Como tenía que pasar por una tienda de videojuegos para hacerme con la guía oficial de Final Fantasy XIII-2, le pregunté si quería apuntarse y me dijo que sí... Y acabó haciendo todas las compras conmigo xD
Después de mi visita a la esteticien pasé a buscarla y fuimos al Blade Center, donde prontamente me vendieron la guía.
La siguiente parada fue el Abacus, para buscar la rafia. Que, según la de materiales, eso no lo han tenido en su vida. Estuve mirando y encontré algo que podría dar el pego, pero tampoco me convenció mucho. Más adelante descubriría que eso era realmente rafia y que la de materiales no tiene ni idea de lo que vende. En fin.
La visita a Abacus no fue un fracaso total porque compré cuerda trenzada gorda, ideal para ajustar la ropa en tobillos y muñecas de espantapájaros, por lo que algún frente logré arreglar.
Como mi hermana estaba muy dispuesta, después nos fuimos al mercado a comprar todo lo comprable, y cuando acabamos pasamos por mi casa para descargar y me la llevé de fiesta al Mercadona. Yo sí que sé lo que le gusta, mjmjmj.
No sé si es bueno que sea un animal de costumbres y compre siempre prácticamente lo mismo, pero no puedo negar lo ventajoso que resulta tenerlo todo bien ubicado. En diez minutos ya estábamos descargando de nuevo en casa, y mientras yo ordenaba la compra ella se dedicaba a whatsappear, como buena jóvena que es.
Cuando todo estuvo listo le enseñé lo que me había pasado con la maleta que me regalaron para Reyes.
Oh, esto es muy grande. Estoy tan loco que no sólo me faltan tornillos a mí, sino que las cosas que me regalan acaban contagiadas y pierden los suyos. La maleta tenía tornillos para fijar los cierres, y un día descubrí que los dos tornillos de uno de los cierres se habían perdido, por lo que el cierre no podía hacer su función (léase: cerrar). Cuando lo vio y nos echamos unas risas, fuimos a casa de mis padres a cumplir la rutina de la noche de los viernes: cena en familia y series hasta la madrugada.
Y el sábado lo empecé tempranito con energía, que había mucho por hacer.
Desayuné fuerte (¡tostadas!) y me fui al gimnasio. Al volver recogí a mi hermana de nuevo, que aparentemente necesitaba distraerse, y nos fuimos al Corte Inglés a cambiar mi maleta desquiciada por una que tuviera los tornillos en su sitio. Y de paso aprovecharía para cambiar mi otro regalo de Reyes que tampoco me iba bien: el escurreplatos.
(No es que no me funcionase bien. Tendría guasa que un cacho de plástico donde dejar platos y sartenes para que se sequen no me funcionara; sería grave. Mis padres me dijeron que había uno más grande pero que no lo compraron porque pensaban que no me cabría en el mármol, así que me cogieron el mediano. Pero el mediano es demasiado pequeño, así que devolví el mediano y quería comprarme el grande. Pero cuando fui, hace dos semanas, no tenían ese mismo escurreplatos en grande, así que me hicieron una tarjeta regalo y me dijeron que volviera pasado un tiempo. Y eso hice. Con mi hermana.)
Y al Corte Inglés que nos fuimos, luchando contra el frío viento invernal que estaba levantándose.
Primero fuimos a cambiar la maleta. Nuestra intención era coger otra del mismo modelo pero que no fuera proclive a perder piezas importantes, pero la dependienta nos rompió nuestras ilusiones y esperanzas diciendo que no tenían más de ese modelo. Estuvimos buscando otras maletas parecidas, pero no encontramos ninguna. Al final encontramos una que más o menos era del tamaño adecuada, aunque algo más rígida y parcialmente de piel. (Cosa que no me hace especial gracia.) Era lo más cercano a lo que necesitaba y lo más aproximado al precio de la maleta anterior, así que me acabé llevando esa.
Cuando acabamos, bajamos a la planta baja, a por el escurreplatos. Tuve suerte y el que había justo uno del más grande de la marca que quería y del mismo color que el que me regalaron, así que me lo agencié sin dudarlo.
Con las compras terminadas, volvimos a casa.
Por el camino pasamos por delante de varias farmacias, pero no entré en ninguna porque quería ir a la de toda la vida, porque suelen tener lo que me hace falta. Lo dejé para la tarde, que tenía que salir de compras otra vez igualmente.
Después de comer tenía que encontrar algo que hacer hasta las cinco. Lo que significó lavadora y plancha.
Terminé bastante antes de lo que esperaba, así que me dediqué a cambiar la ropa de cama, darle la vuelta a la funda del nórdico y pasarle la aspiradora, porque mi nórdico es raro de narices y deja bolitas blancas en la funda. Y, total, tampoco tenía nada mejor que hacer que molestar a mis vecinos con la aspiradora. Podía molestarlos con el Karaoke Revolution Glee, pero era la hora de la siesta, no soy tan cruel.
Cuando el reloj marcó las cinco salí de nuevo a la calle. Mi objetivo: la farmacia y pasar a comprar hilo y agujas para coser.
Empecé ya a lo grande: mi farmacia estaba cerrada. No me preocupé mucho, porque entre mi casa y el centro puedo hacer un camino por el que paso por tres farmacias más. (¿Creéis que eso es mucho? Desde el centro a mi casa hay aproximadamente veinte esquinas, y existe un camino que te lleva por delante de siete panaderías.)
Cuando llegué a la Moda, la tienda de toda la vida de cosas de coser, me preocupé, porque todas las farmacias por las que había pasado estaban cerradas. Oops. A saber cuál era y dónde estaba la farmacia de guardia. Y mis manos hechas unos zorros.
Tras dejar un objetivo por imposible, me centré en el segundo. Parecía fácil: unas cuantas agujas con cabezales de diferentes tamaños, un dedal, hilo negro para futuribles botones despendolados, y hilo lanudo gordo para terminar el disfraz de Carnaval. Y hubiera sido sencillo de no ser por la dependienta, una señora que me miró torcío nada más entrar y no enderezó la vista en todo el rato que estuve en la tienda. Estaba ya pensando si mi presencia allí era como una especie de afrenta a alguna deidad costurera que desconocía, por el hecho de poder mear de pie, hasta que entró otro hombre con un niño, y un señor un minuto después, y la otra dependienta les atendía sin mayores problemas. Quizá porque pidieron cosas varoniles como velcro autoadhesivo, y eso permitía a la deidad costurera tolerar la presencia de ese ser en su templo.
No salí muy contento, pero al menos tenía lo que necesitaba. Eh, más éxito que con la farmacia había tenido.
Así que cuando llegué a casa y viendo que no había confirmación de la cita, decidí que lo enviaría todo a la porra y me puse a hacer magdalenas CristtySpain..
¡Y esta vez hasta quedaron visualmente aceptables!

Sí, bueno, tengo que mejorar mi técnica para dejar caer la masa en los papeles, que con todo lo que se me cae fuera podría hacer otra magdalena. Pero me salieron 17, que considero suficientes.
Además de visualmente dentro de los párametros aceptables, estaban suficientemente buenas. Parece que poco a poco le estoy pillando el punto a mi horno y su rara distribución del calor.
Quería hacer una mongada con chantillí y fondant, pero tenía frío y decidí cambiar el desperdiciar fondant (que me hace falta para algo más importante) por irme a la cama temprano.
Y entonces llegó el domingo.
Quizá os preguntéis por qué he dicho antes que mi hermana necesitaba distraerse. Pues muy fácil: porque el domingo iban ella y mis padres a adoptar (¡ahora sí!) un gato, y después de dos intentos fallidos, estaba ya ansiada perdida.
Me levanté e hice lo básico con la calma, desayuné, puse las magdalenas en una bandeja para facilitar su transporte, y me fui a casa de mis padres. Porque el domingo, además de día de adopción, era día de taller clandestino de disfraces en casa de Mooootto. Día de Mataró non-stop, vamos.
Dejé unas pocas magdalenas en casa de mis padres (siempre mirando por la alimentación de los demás) y me llevé el resto a Mataró. No para el gato (no quería dejarlo ciego), sino para la troupe costurera. Que coser agota, y nada mejor que un buen chute de azúcar para cargar las pilas.
Como yo no tenía rafia y por tanto no podía avanzar en el disfraz, y tampoco podía ayudar al resto en lo suyo, hice lo único que se me ocurrió hacer para darles apoyo: más magdalenas. Porque cuando yo estoy de por medio no hay suficientes postres. Es como el gen materno de hacer comida, pero con dulces. Siempre se puede hacer algo más.
Vamos, que ayer nos triscamos magdalenas para parar un carro. A dos carrillos, sobre todo yo que perdí el control... aunque a LoadNeo no le gustó nuestra innovación de mezclar esencia de vainilla con extracto de naranja y de esta hornada que hicimos el domingo prefirió abstenerse.
TL;DR: El fin de semana bien, aunque sigo con las manos mal porque no he pasado por la farmacia. No he avanzado en el disfraz, pero mi madre me echará un cable con la rafia (y me saldrá gratis.). Me faltan algunas cosas por hacer y la casa tampoco es que esté limpia, pero lo he dado todo. Y he hecho magdalenas. Dos veces.
¡Hoy he estrenado la nueva maleta nueva! :D
La sustituta va bastante bien. Sigue sin emocionarme que tenga una parte de cuero, y hecho en falta un poco más de elasticidad en el bolsillo principal, pero de momento las cosas me caben bastante bien. A ver qué pasa cuando le ponga el tupper gordo, si me cierra o no.
Es que últimamente siempre voy con la bolsa a tope. Antes aún, pero en el último mes se me ha expandido la carga una barbaridad: además de llevar la botella de litro y medio de agua, el paraguas, el tupper, una pieza de fruta para el desayuno y el neceser; ahora llevo:
* otra pieza de fruta, porque no puedo comérmela en casa antes de salir al trabajo,
* un tupper pequeñito con frutos secos para media mañana,
* y un pedazo de trasto en el neceser que tiene espuma antibacteriana para limpiarme las férulas.
Puede parecer absurdo, pero realmente necesito todo esto para funcionar. He pensado varias veces qué hacer para reducir la carga, pero soy incapaz de ver qué puedo hacer. El paraguas lo considero indispensable, porque nunca estoy atento al tiempo y seguramente acabaría dejándomelo cuando hiciera falta. Y la botella de agua he pensado en reducirla a una de medio litro, pero no tengo medios para llenarla en el trabajo, y medio litro no me dura nada. El resto de cosas son bastante inamovibles, así que...
El viernes comenté por twitter que tenía las manos un poco tocadas por el frío. Seguramente secas. Las líneas de toda la mano últimamente están blancas, y hay una zona interdigital que está escamada.
Pues el sábado la zona escamada se agrietó y empezó a sangrar. Por lo visto mis eczemas están evolucionando y ahora han llegado a la categoría de problema.
Quería pasar por la farmacia este fin de semana, pero al final no pudo ser. De hecho, hay un par de cosas que no pude hacer de todas las que me propuse. Pero que no se diga que no lo intenté.
Al salir del trabajo, como cada viernes, empezó mi fin de semana. Que en esta ocasión contaba con una invitada especial: mi hermana. Como tenía que pasar por una tienda de videojuegos para hacerme con la guía oficial de Final Fantasy XIII-2, le pregunté si quería apuntarse y me dijo que sí... Y acabó haciendo todas las compras conmigo xD
Después de mi visita a la esteticien pasé a buscarla y fuimos al Blade Center, donde prontamente me vendieron la guía.
La siguiente parada fue el Abacus, para buscar la rafia. Que, según la de materiales, eso no lo han tenido en su vida. Estuve mirando y encontré algo que podría dar el pego, pero tampoco me convenció mucho. Más adelante descubriría que eso era realmente rafia y que la de materiales no tiene ni idea de lo que vende. En fin.
La visita a Abacus no fue un fracaso total porque compré cuerda trenzada gorda, ideal para ajustar la ropa en tobillos y muñecas de espantapájaros, por lo que algún frente logré arreglar.
Como mi hermana estaba muy dispuesta, después nos fuimos al mercado a comprar todo lo comprable, y cuando acabamos pasamos por mi casa para descargar y me la llevé de fiesta al Mercadona. Yo sí que sé lo que le gusta, mjmjmj.
No sé si es bueno que sea un animal de costumbres y compre siempre prácticamente lo mismo, pero no puedo negar lo ventajoso que resulta tenerlo todo bien ubicado. En diez minutos ya estábamos descargando de nuevo en casa, y mientras yo ordenaba la compra ella se dedicaba a whatsappear, como buena jóvena que es.
Cuando todo estuvo listo le enseñé lo que me había pasado con la maleta que me regalaron para Reyes.
Oh, esto es muy grande. Estoy tan loco que no sólo me faltan tornillos a mí, sino que las cosas que me regalan acaban contagiadas y pierden los suyos. La maleta tenía tornillos para fijar los cierres, y un día descubrí que los dos tornillos de uno de los cierres se habían perdido, por lo que el cierre no podía hacer su función (léase: cerrar). Cuando lo vio y nos echamos unas risas, fuimos a casa de mis padres a cumplir la rutina de la noche de los viernes: cena en familia y series hasta la madrugada.
Y el sábado lo empecé tempranito con energía, que había mucho por hacer.
Desayuné fuerte (¡tostadas!) y me fui al gimnasio. Al volver recogí a mi hermana de nuevo, que aparentemente necesitaba distraerse, y nos fuimos al Corte Inglés a cambiar mi maleta desquiciada por una que tuviera los tornillos en su sitio. Y de paso aprovecharía para cambiar mi otro regalo de Reyes que tampoco me iba bien: el escurreplatos.
(No es que no me funcionase bien. Tendría guasa que un cacho de plástico donde dejar platos y sartenes para que se sequen no me funcionara; sería grave. Mis padres me dijeron que había uno más grande pero que no lo compraron porque pensaban que no me cabría en el mármol, así que me cogieron el mediano. Pero el mediano es demasiado pequeño, así que devolví el mediano y quería comprarme el grande. Pero cuando fui, hace dos semanas, no tenían ese mismo escurreplatos en grande, así que me hicieron una tarjeta regalo y me dijeron que volviera pasado un tiempo. Y eso hice. Con mi hermana.)
Y al Corte Inglés que nos fuimos, luchando contra el frío viento invernal que estaba levantándose.
Primero fuimos a cambiar la maleta. Nuestra intención era coger otra del mismo modelo pero que no fuera proclive a perder piezas importantes, pero la dependienta nos rompió nuestras ilusiones y esperanzas diciendo que no tenían más de ese modelo. Estuvimos buscando otras maletas parecidas, pero no encontramos ninguna. Al final encontramos una que más o menos era del tamaño adecuada, aunque algo más rígida y parcialmente de piel. (Cosa que no me hace especial gracia.) Era lo más cercano a lo que necesitaba y lo más aproximado al precio de la maleta anterior, así que me acabé llevando esa.
Cuando acabamos, bajamos a la planta baja, a por el escurreplatos. Tuve suerte y el que había justo uno del más grande de la marca que quería y del mismo color que el que me regalaron, así que me lo agencié sin dudarlo.
Con las compras terminadas, volvimos a casa.
Por el camino pasamos por delante de varias farmacias, pero no entré en ninguna porque quería ir a la de toda la vida, porque suelen tener lo que me hace falta. Lo dejé para la tarde, que tenía que salir de compras otra vez igualmente.
Después de comer tenía que encontrar algo que hacer hasta las cinco. Lo que significó lavadora y plancha.
Terminé bastante antes de lo que esperaba, así que me dediqué a cambiar la ropa de cama, darle la vuelta a la funda del nórdico y pasarle la aspiradora, porque mi nórdico es raro de narices y deja bolitas blancas en la funda. Y, total, tampoco tenía nada mejor que hacer que molestar a mis vecinos con la aspiradora. Podía molestarlos con el Karaoke Revolution Glee, pero era la hora de la siesta, no soy tan cruel.
Cuando el reloj marcó las cinco salí de nuevo a la calle. Mi objetivo: la farmacia y pasar a comprar hilo y agujas para coser.
Empecé ya a lo grande: mi farmacia estaba cerrada. No me preocupé mucho, porque entre mi casa y el centro puedo hacer un camino por el que paso por tres farmacias más. (¿Creéis que eso es mucho? Desde el centro a mi casa hay aproximadamente veinte esquinas, y existe un camino que te lleva por delante de siete panaderías.)
Cuando llegué a la Moda, la tienda de toda la vida de cosas de coser, me preocupé, porque todas las farmacias por las que había pasado estaban cerradas. Oops. A saber cuál era y dónde estaba la farmacia de guardia. Y mis manos hechas unos zorros.
Tras dejar un objetivo por imposible, me centré en el segundo. Parecía fácil: unas cuantas agujas con cabezales de diferentes tamaños, un dedal, hilo negro para futuribles botones despendolados, y hilo lanudo gordo para terminar el disfraz de Carnaval. Y hubiera sido sencillo de no ser por la dependienta, una señora que me miró torcío nada más entrar y no enderezó la vista en todo el rato que estuve en la tienda. Estaba ya pensando si mi presencia allí era como una especie de afrenta a alguna deidad costurera que desconocía, por el hecho de poder mear de pie, hasta que entró otro hombre con un niño, y un señor un minuto después, y la otra dependienta les atendía sin mayores problemas. Quizá porque pidieron cosas varoniles como velcro autoadhesivo, y eso permitía a la deidad costurera tolerar la presencia de ese ser en su templo.
No salí muy contento, pero al menos tenía lo que necesitaba. Eh, más éxito que con la farmacia había tenido.
Así que cuando llegué a casa y viendo que no había confirmación de la cita, decidí que lo enviaría todo a la porra y me puse a hacer magdalenas CristtySpain..
¡Y esta vez hasta quedaron visualmente aceptables!

Sí, bueno, tengo que mejorar mi técnica para dejar caer la masa en los papeles, que con todo lo que se me cae fuera podría hacer otra magdalena. Pero me salieron 17, que considero suficientes.
Además de visualmente dentro de los párametros aceptables, estaban suficientemente buenas. Parece que poco a poco le estoy pillando el punto a mi horno y su rara distribución del calor.
Quería hacer una mongada con chantillí y fondant, pero tenía frío y decidí cambiar el desperdiciar fondant (que me hace falta para algo más importante) por irme a la cama temprano.
Y entonces llegó el domingo.
Quizá os preguntéis por qué he dicho antes que mi hermana necesitaba distraerse. Pues muy fácil: porque el domingo iban ella y mis padres a adoptar (¡ahora sí!) un gato, y después de dos intentos fallidos, estaba ya ansiada perdida.
Me levanté e hice lo básico con la calma, desayuné, puse las magdalenas en una bandeja para facilitar su transporte, y me fui a casa de mis padres. Porque el domingo, además de día de adopción, era día de taller clandestino de disfraces en casa de Mooootto. Día de Mataró non-stop, vamos.
Dejé unas pocas magdalenas en casa de mis padres (siempre mirando por la alimentación de los demás) y me llevé el resto a Mataró. No para el gato (no quería dejarlo ciego), sino para la troupe costurera. Que coser agota, y nada mejor que un buen chute de azúcar para cargar las pilas.
Como yo no tenía rafia y por tanto no podía avanzar en el disfraz, y tampoco podía ayudar al resto en lo suyo, hice lo único que se me ocurrió hacer para darles apoyo: más magdalenas. Porque cuando yo estoy de por medio no hay suficientes postres. Es como el gen materno de hacer comida, pero con dulces. Siempre se puede hacer algo más.
Vamos, que ayer nos triscamos magdalenas para parar un carro. A dos carrillos, sobre todo yo que perdí el control... aunque a LoadNeo no le gustó nuestra innovación de mezclar esencia de vainilla con extracto de naranja y de esta hornada que hicimos el domingo prefirió abstenerse.
TL;DR: El fin de semana bien, aunque sigo con las manos mal porque no he pasado por la farmacia. No he avanzado en el disfraz, pero mi madre me echará un cable con la rafia (y me saldrá gratis.). Me faltan algunas cosas por hacer y la casa tampoco es que esté limpia, pero lo he dado todo. Y he hecho magdalenas. Dos veces.
¡Hoy he estrenado la nueva maleta nueva! :D
La sustituta va bastante bien. Sigue sin emocionarme que tenga una parte de cuero, y hecho en falta un poco más de elasticidad en el bolsillo principal, pero de momento las cosas me caben bastante bien. A ver qué pasa cuando le ponga el tupper gordo, si me cierra o no.
Es que últimamente siempre voy con la bolsa a tope. Antes aún, pero en el último mes se me ha expandido la carga una barbaridad: además de llevar la botella de litro y medio de agua, el paraguas, el tupper, una pieza de fruta para el desayuno y el neceser; ahora llevo:
* otra pieza de fruta, porque no puedo comérmela en casa antes de salir al trabajo,
* un tupper pequeñito con frutos secos para media mañana,
* y un pedazo de trasto en el neceser que tiene espuma antibacteriana para limpiarme las férulas.
Puede parecer absurdo, pero realmente necesito todo esto para funcionar. He pensado varias veces qué hacer para reducir la carga, pero soy incapaz de ver qué puedo hacer. El paraguas lo considero indispensable, porque nunca estoy atento al tiempo y seguramente acabaría dejándomelo cuando hiciera falta. Y la botella de agua he pensado en reducirla a una de medio litro, pero no tengo medios para llenarla en el trabajo, y medio litro no me dura nada. El resto de cosas son bastante inamovibles, así que...